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Todo incluido, hasta el romance!

Para mí no hay nada que me relaje mas que sólo pedir lo que quiero y tenerlo, sin tener que preocuparme por tener que pagar una cuenta enorme al final.  El servicio de todo incluido es maravilloso, en especial para quienes celebran su luna de miel (sin importar que número sea).  Uno disfruta de actividades con su pareja, se relaja en la playa o las albercas, puede cenar en diferntes restaurantes de especialidad, todas las bebidas y alimentos están incluidos…  Te tratan como rey y lo mejor es que ya pagaste, no tienes que preocuparte por llevar dinero contigo, o por las enormes cuentas que generan muchos consumos en los hoteles.  Definitivamente este tipo de servicio ayuda a incrementar la relajación y por ende el romance.

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Niños entretenidos y sin gasto adicional.

Viajar con niños se puede convertir en un cúmulo de cuentas por pagar, pero también puede ser un desafío a la imaginación y a la resistencia.  Creo que si se viaja con niños lo mejor es ir preparado;  planear con anticipación las actividades.  Llevar juegos de mesa siempre resulta, todos participan y se pasa un rato de sana convivencia.  Organizar caminatas es otra actividad muy divertida o por que no pensar en una carrera donde los pequeños tengan que ir recolectando objetos y realizando actividades para ganar algún premio?

Preguntar puede ayudar…

Muchas veces nos da pena hacer preguntas, tal vez por que no queremos parecer ignorantes, a veces hay barreras de idioma, otras simple falta de interés, pero aun que no lo crean el preguntar puede ayudar a ahorrar algo de dinero durante las vacaciones.  A veces llegamos a la entrada de un acuario, por ejemplo, y compramos la entrada sin preguntar, luego vemos algún letrero de que si comprabas el boleto mas un par de dólares más podrías obtener una entrada para un mirador, o un museo.  Pregunten por las promociones antes de pagar.

Camino de Narita a Tokio.

Pues maletas en mano, por fin emprendimos el camino a Tokio.  Tomamos un tren JR, la línea gris, que era la que nos dejaría en Asakusa, área donde nos hospedaríamos.  Hicimos aproximadamente una hora.  Era un tren muy limpio y cómodo.  Uno compra su boleto indicando donde se bajará, a la salida una máquina valida el boleto;  si bajas antes te devuelve la diferencia y si lo haces después te cobra lo que te faltó pagar, por lo que uno debe conservar dicho boleto.  Nos pasó algo curioso, una pareja mayor estaba sentada frente a nosotros y se quedaron dormidos, la señora llevaba los boletos en la mano y se le cayeron;  al despertar se asustó por que no los veía, entonces yo me agaché, los levanté y se los entregué. Me dijeron algo, supongo me dieron las gracias, me hicieron reverencia y yo les sonreí y asentí.  Desde ahí hasta que llegamos a nuestro destino, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, hacían reverencia….  me parecieron muy simpáticos.