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Mi primer encuentro con el Budismo.

Casualmente el primer lugar a visitar dentro de nuestro itinerario de viaje en Japón era un templo Budista, el llamado Senso Ji, ubicado en el área de Asakusa;  está dedicado a la diosa Kannon y fue fundado en el año de 645, por lo que es el más antiguo de Tokio.  Aquí encendimos y ofrecimos incienso, que ahí mismo compramos, en memoria de mi abuelo, quien ese día cumplía un año de haber fallecido.  Fué la primer ofrenda de tipo Budista que realizé;  después compré un rosario de muñeca que mi cuñado nos había encargado, que arrepentida estoy ahora de no haber comprado uno para mi!

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Iniciando el recorrido por Asakusa…

Bueno, pues dejamos las maletas en la habitación, y a pesar de estar muy cansados y descontrolados por tantas horas de vuelo, no podíamos perder tiempo y dormir.  Debíamos salir y comenzar a explorar.  Era medio día así que tomamos nuestra guía y comenzamos a caminar.  Asakusa es un distrito del centro de Tokio, el cuál aún guarda el sabor de la ciudad antigua.  Dicen que durante el periodo Edo esta zona se ubicaba fuera de la ciudad y que durante los años 1800 y 1900 fue la zona de teatros y roja de Tokio.  Fue destruida en gran parte durante la segunda guerra mundial y rápidamente reconstruida.  Se puede recorrer a pie o se puede hacer un tour en los llamados rickshaw que son los carritos jalados por una persona.  Algunos de los atractivos de la zona es su calle comercial y el hermoso templo budista de Sensoji.

Camino de Narita a Tokio.

Pues maletas en mano, por fin emprendimos el camino a Tokio.  Tomamos un tren JR, la línea gris, que era la que nos dejaría en Asakusa, área donde nos hospedaríamos.  Hicimos aproximadamente una hora.  Era un tren muy limpio y cómodo.  Uno compra su boleto indicando donde se bajará, a la salida una máquina valida el boleto;  si bajas antes te devuelve la diferencia y si lo haces después te cobra lo que te faltó pagar, por lo que uno debe conservar dicho boleto.  Nos pasó algo curioso, una pareja mayor estaba sentada frente a nosotros y se quedaron dormidos, la señora llevaba los boletos en la mano y se le cayeron;  al despertar se asustó por que no los veía, entonces yo me agaché, los levanté y se los entregué. Me dijeron algo, supongo me dieron las gracias, me hicieron reverencia y yo les sonreí y asentí.  Desde ahí hasta que llegamos a nuestro destino, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, hacían reverencia….  me parecieron muy simpáticos.