Archivo diario: diciembre 17, 2010

Louvre, centro comercial.

Con tantos platillos deliciosos que saborear en París, quien no tendría hambre a toda hora?  Pues ya era hora de comer, así que antes de entrar a este imponente museo parisino decidimos comer algo.  Entramos por el llamado carrousel del Louvre y recorrimos todas las pequeñas y exquisitas tiendas, luego el área de fast food y por ùltimo vimos la cafetería donde servían sandwiches y ensaladas, justo junto a donde venden los boletos.  Así que en este último lugar comimos.  Por cierto vale la pena que dediquen unos minutos a las tiendas de este pequeño centro comercial, en especial una que vende artículos ecológicos, así como inciensos, aceites aromáticos y hasta juguetes educativos.

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Paris mapa en mano.

Finalmente estábamos en París, era el último día y mapa en mano seguimos las indicaciones que nos dió nuestro asesor vacacional para llegar al hotel que Royal Holiday nos había ofrecido.  Por supuesto estaba hermoso y muy bien ubicado, así que no nos fué difícil llegar.  El personal muy amable nos recibió y dió las llaves de nuestra habitación sin mayor dificultad.  Rápidamente dejamos las maletas y mi esposo me dijo que quería visitar el museo de Louvre que había estado cerrado el día que habíamos ido.  Sin pensarlo dos veces nos dirigimos al lugar.

Ya estamos en París???

Cuando escuchamos que anunciaban que estábamos llegando a la estación en París no lo podíamos creer.  En aproximadamente dos horas habíamos viajado desde Londres.  Fué más cómodo que el avión.  Que bueno que no conseguimos boletos!  la verdad disfrutamos mucho el viaje.  Finalmente tomamos nuestros objetos personales, recogimos nuestras maletas y bajamos al andén.  Estabamos en la Ciudad Luz, era prácticamente temprano y nuestras vacaciones agonizaban, el último día antes de emprender el regreso.  Decidimos tomar el metro hacia el hotel que habíamos reservado a través de nuestro club vacacional, Royal Holiday, y no perder un sólo segundo de este día.

Bye Bye Londres…

Habíamos disfrutado mucho nuestra corta estancia en Londres y estábamos muy cómodos en el tren, viendo las últimas postales de este cosmopolita y amigable destino turístico.  Cada vez que dejamos un punto nos da nostalgia y siempre nos preguntamos si tendremos oportunidad de volver.  He tenido la fortuna de haber visitado Inglaterra un par de veces pero nunca es suficiente, lo bueno es que cuento con mi membresía de Royal Holiday que hace más fácil y económicos los viajes.  Hasta pronto Londres!  esperamos regresar  pronto.

Primera clase!

Llegamos al bagón que nos correspondía, subimos con nuestras maletas y wow!  fui positivamente sorprendida por el lujo del tren, muy diferente a la segunda clase en la que generalmente viajamos.  Para comenzar había una espaciosa área para maletas, luego ofrecían revistas nuevas de todo tipo en ambos idiomas, inglés y francés.  Tomé un par de ellas y entramos al área de pasajeros.  Habían áreas de cuatro sillones con mesa central y nosotros estábamos en el área de dos con mesa también.  Muy cómodos.  A los pocos minutos de haber emprendido el viaje, llegaron las asafatas y nos dejaron las charolas del desayuno, jugo, yogurt, pan, mantequilla y mermelada.  Durante todo el recorrido nos ofrecieron agua y café.  Definitivamente me gusta eso de viajar como celebridad!

En la estación de trenes.

Finalmente llegamos, estación Victoria en Londres.  Bajamos del metro y caminamos un buen tanto para llegar a los mostradores electrónicos donde debíamos recoger nuestros boletos.  Luego fuimos al área donde pasaba uno los filtros de seguridad y por último hicimos el trámite de migración, ya que recuerden Inglaterra no es parte de la comunidad européa.  Estamos acostumbrados a viajar en segunda clase en tren, es cómoda y no tan cara, así que sabemos no dan alimentos;  aún teníamos tiempo así que compramos un sandwich un café y desayunamos.  En poco tiempo anunciaron que podíamos pasar al andén.

Ya es de día???

Sentí que apenas tenía unos minutos de haberme dormido cuando sonó el teléfono.  Era la llamada del servicio de despertador del hotel.  No lo podía creer, ahora sí me sentía muy cansada.  Brinqué fuera de la cama, me dí un baño, desperté a mi esposo y salimos corriendo maletas en mano a la estación del metro, donde ya había bastante gente para ser tan temprano.  Para muchos ya era de día, o tal vez medio día, pero yo sólo veía en mi reloj que eran las seis de la mañana, estaba de vacaciones y ya estaba lista para otra aventura, aun que muuuuy cansada.