Archivo diario: marzo 6, 2009

Un amor en cada puerto

A los pilotos y a los marinos se les atribuyen siempre un amor o más bien aventura en cada puerto o destino que visitan, pero será posible lograr esto sin tener ninguna de estas profesiones. Tal vez, hay dos formas básicas de hacerlo: viajando mucho o navegando en la internet. La red de redes nos da la posibilidad infinita de acceder a todo tipo de información y conocer gente de todo el mundo. Existen blogs y chats donde se discute o se comparte información sobre un lugar en específico, tips, destinos inolvidables, clima, vuelos baratos, restaurantes y discotecas. Este tipo de lugares cada vez se vuelve más concurridos y ha funcionado muy bien para aquellos que planean sus vacaciones en línea.

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Una aventura en Punta del Este, Uruguay

Tengo una amiga que le gusta conocer nuevos lugares y que su técnica para conseguir el mejor guía de turistas en el destino a donde viaja, es contactar residentes de esos lugares por internet. Platica con ellos unas semana; algunos como amigos, otros como ciberamores, pero siempre con la intención de que cuando lleguen los días de sus vacaciones, tenga con quien salir. Y vaya que le ha resultado, su último viaje fue a Punta del Este en Uruguay y trajo unas fotos divinas de destinos turísticos y me platicó unas aventuras de lugares que sólo gracias a sus nuevos amigos uruguayos, pudo conocer.

Citas por internet

Es muy fácil conseguir una cita por internet, pero será igual de divertida que tener una pareja o amor en persona. Yo no lo creo, la sensaciones que nuestro experimentan al encontrase con alguien del sexo opuesto que nos gusta, no se comparan al conocerlo en la red. Así que, como en otras ocasiones, creo que la mejor forma de conocer gente nueva y poder entablar alguna relación amorosa o una aventura llena de diversión, son las vacaciones. Lugares donde estamos de buenas, sin límite de tiempo y totalmente relajados, que mejor momento, ¿no es así?

Royal Holiday te puede llevar al fin del mundo

Con mi membresía de royal holiday, no sólo yo he podido disfrutar de grandes momentos, también mis amigos y familia lo han podido hacer. Recuerdo la vez que mis papás se fueron al fin del mundo en Argentina. Visitaron la Patagonia, el punto más austral del conteniente americano. Tomaron un barco que los llevó al glaciar de Perito Moreno y donde los paisajes blancos son impresionantes, donde sintieron la fuerza de la naturaleza y admiraron la belleza de la fauna polar. Se hospedaron en Autralis Kauyeken, un resort de montaña con un SPA irresistible. Regresaron tan renovados de este viaje, que no me arrepiento de haber sido parte. Gracias a royal.

Vacaciones en Cape Cod

¿Qué tal una sopita del almejas? Sentados frente a mar, contemplando el paisaje y a punto de tomar un tour para admirar la belleza natural de las ballenas, los mamíferos más grandes del planeta que a veces se acercan hasta las embarcaciones para hacer sentir su fuerza. Suena a una aventura imperdible y lo es. Explorar Cape Cod National Seashore, pasear en bicicleta por los terrenos pantanosos diseminados de arándanos de Rail Trail o camine por Sandwich, la ciudad más vieja del cabo. Hacer un picinic mirando el gran Faro y viendo pasar la gente. Todo esto lo sé por un amigo que vive en estado de Nueva York y con el que platico cada semana por internet y que me ha recomendado ampliamente. Yo les paso el tip, porque royal holiday tiene algunos hoteles ahí.

Sexo, sudor y risas

No sé porque, pero hoy me acordé de las situaciones más vergonzosas que he pasado en mi vida. Cuando tenía 24 años, me sentía en el paraíso cuando fui con varias amigas de vacaciones a Canadá para festejar que habíamos terminado la universidad. La primera vez solas en un país nuevo, decidimos lanzarnos a la aventura y entrar en una tienda de sexo o sexshop. Curioseamos un rato, pero de pronto se acercó un encargado de la tienda y muy en su papel de promotor de sus productos, nos mostró algunos y todo era divertido hasta que nos invitó asistir a la filmación de una película. Nos dejó sin palabras y salimos corriendo de ahí. Unas cuadras más adelante no podíamos dejar de reír. ¡Qué viaje!